viernes, 5 de febrero de 2016

LOS PARQUES DE TÁNATOS: un visionado de portafolio.



       Desde la ventana podemos ver a quienes asisten el visionado de hoy. Jóvenes fotógrafos caminan de lado a lado de la galería como penitentes que intentan memorizar un discurso ante el Obispo. Otros, más informales, arriesgan su cuerpo a la solidez del piso para estirar las piernas. Todos esperan  portafolio en mano; unos con resistentes cajas de lino, otros con discos duros extraíbles; los más con estuches de conservación en los que reposa un largo tiempo de trabajo… Bueno, tal vez están más llenos de esperanzas que de imágenes. 

         Poco a poco me detengo a ver esta extraña fauna  que busca en sus dedos la mínima existencia de una uña para triturarla a dentelladas. Seres que  miran nerviosos las pantallas de sus móviles como un corredor de bolsa en Wall Street vigila la pizarra; solo que aquí, la moneda son “likes”  dispuestos en contadores  con sonidos personalizados. Cada publicación es sometida a la mirada ajena sin importar si su respuesta es sincera o un furtivo intercambio de monedas virtuales.
                                             II 
        Temprano, desde el segundo piso, vimos colocar las mesas con manteles blancos en el lugar mejor iluminado de la sala y, aun sin estar listas,  ya algunos habían desparramado varias copias para pulsar la opinión de los amigos y curiosos. Abajo, pasaban de un lado a otro, unos treinta jóvenes que aspiran la representación de su país en el XIII Encuentro Internacional de Fotografía que se realizará en el recién inaugurado Museo de la Fotografía  de Madrid bajo la curaduría de Moriart León, un latino que se ha caracterizado por su agresiva oposición a lo que considera cerrados y obsoletos fundamentos del derecho de Autor. 

          Ya con el transcurrir de la mañana, habían aparecido los que determinan la aceptación de las nuevas referencias fotográficas partiendo de los proyectos de  los aspirantes. Estos señores ya curtidos en estas lides actúan en representación de eso que algunos llaman “la institucionalidad del arte”. Cinco cubículos fueron dispuestos de tal modo que desde lo alto algunos curioseaban y fotografiaban la escena. Ahora puedo decir que  las cámaras quedaron en casa. El cortejo de marcas y de longitudes focales por fin, dio espacio al desfile de ideas, temas, foto secuencias, series, ensayos, registros de  instalaciones entre otras formas discursivas de sus obras. Así es, ya los pantalones largos tomaron su lugar en estos artistas  que no dejan de tratar de adivinar qué trae el compañero de al lado y, en una mesita improvisada, dar una última revisión con los más cercanos para aplacar ese extraño sentimiento de temor al juicio 

         Esta convocatoria es como una pasarela en la que confluye una fauna diversa. Como era de esperarse, en esta vitrina de impacientes no falta quien es seguido por vivaces satélites, un pequeño grupo de seguidores que le  permiten irradiar con más fuerza su presencia que se puede sentir desde donde estoy. La escena me recuerda las migajas de pan que flotan en los estanques rodeados de pececillos que se alimentan de él. Este aspirante está convencido de la solidez de sus planteamientos fotográficos decantados por su genialidad que, como un ángel guardián, le dicta razones para pensar que su obra pertenece a un mundo distinto: un éter, una dimensión superior  habitada por una  petite élite  que no necesita de una formación ni de un oficio, pues el talento humedece su piel en cada obturación otorgándole un manto de originalidad supraterrena. Para él, conocer los gustos de quienes llevarán la tarea del visionado, le permite adecuar el tono y el tema de su discurso condimentado por la arrasadora presencia de su juvenil ego; un yo singularísimo forjado de alabanzas como una gran concha de nácar que sirve de guardián de su anorexia visual. Su límite tribal es virtual. Sus fotos se extienden en las mesas para ser objeto  de nuevas imágenes desmaterializadas  que invaden en tiempo real su batallón de redes constructoras de estatus.   

         A mi izquierda no puedo evitar  escuchar  a otro espécimen, Alguien que prefiere la conversación en torno a sus héroes y modelos. Este  muestra más  equilibrio, lo que le permite una técnica perfecta como respuesta a sus pensamientos atados al visor.  Es acucioso, exigente por naturaleza, actúa  como si su ojo derecho fuese un verdugo que desata su furia contra todo aquello que huela a cliché, a cosa obvia. En fin,  a todo aquello que le reste hilo al manto de perfección y originalidad que  cubre su obra que, a su criterio nunca alcanzara el olimpo de sus inmortales dioses.

         Más allá, hacia la ventana panorámica, esta  otro representante de esta selva de prospectos. Uno más solitario, más silencioso; Alguien que se  delata por el fotoparpadeo: esa especie de tic nervioso que lo hace fotografiar obturando con sus ojos, como  por instinto.  Es de esos chicos cuyo cerebro parece ser efervescente en horas nocturnas. Se me antoja que es de los que, a media madrugada, encuentra el hilo de un discurso que no había entendido desde hace meses. Ese es el que en cada sueño ve su portafolio convertido en fotolibro; pero, por alguna razón,  esa visión se desvanece y lo olvida en cada despertar para iniciar una vez más el interminable ciclo de objetos no creados. 

         A mi derecha,  desde mi atalaya diviso a uno más interesante aun:  el que se mueve como por inercia e intenta dominar su visión de futuro. Su mirada está adelantada con respecto a la realidad. este especimen crece en deuda con el tiempo; vive visualmente en cámara lenta, mientras su cuerpo y sus ideas corren de manera estrepitosa para enfrentar su olvido con proyectos cargados de lo que él considera de una originalidad casi absoluta. Desde aquí, lo veo emprender acciones que al final esperan yertas en su morgue de lo no concluido.  

        Pero mis ojos se detienen en su recorrido en el que en silencio garabatea su libreta. Él observa desde una mesa mientras absorbe un café que parece resucitar de entre el vacío. Desde aquí veo sus dibujos y anotaciones que no alcanzo a leer; son como fotografías futuras de industrias desoladas que mira en su recorrido diario por las calles. Los personajes son pequeñísimos como niños que encuentran las ruinas de un parque de diversiones que respiraba humo en sus vidas pasadas. En algunas zonas se asemeja  a una ciudad de postguerra en la que una  ausencia oxida sus cimientos.  Los dibujos deeste joven recuerdan bosquejos de imágenes de Shore, Golhke u otros habitantes del vacío urbano; pero lo de este chico es una fusión extraña, su comportamiento es el de un artista urbano con una personalidad cambiante cuyos estados de ánimo provocan actos que van, desde la delicada manera de asir la taza de café, pasando por la demostración  efusiva y  bulliciosa del encuentro  con algunos de su entorno, hasta el sombrío ensimismamiento que lo lleva a las últimas páginas de su libreta donde hace diagramas de nuevas ideas perfectamente trazadas. Tan cambiante el personaje que, sólo por divertirme, miré el almanaque de mi móvil  para conocer la próxima llegada de la luna llena e imaginarme si se convertiría en hombre lobo o sacerdote,
                                                                 
                                          III
Rebotando en las paredes llega hasta mi un  Tic... tic... tic... Ese sonido…ese sonido…qué recuerdos gratos trae a mi mente… Tic… tic… tic… viene de uno de esos viejos relojes negros de cuartoscuro; esos que acunan asombros atrapados en la penumbra de una luz roja y que ahora, como representante de un geriátrico de tecnología, intenta en vano sonreír a los que fijan sus ojos en el movimiento de sus agujas. (Definitivamente no fue hecho para ser jovial, sino para crear un orden incorruptible al servicio de Cronos.)  De pronto, suena la chicharra; acaba de terminar la primera sesión del visionado y el típico sonido del encendido de un equipo de audio hace que todos guarden silencio por unos segundos para concentrarse en el próximo anuncio:  

-¡Torres!... ¡Sr. Torres, favor pasar a visionado con el Maestro Vielma en la mesa número cuatro. 

         Todos miraban al solicitado. Era  Marcel quien presuroso aparta la taza de café y recoge su caja. Luego, de manera casi inconsciente, se persigna como encomendando su futuro cercano a un ser divino. El resto de los chicos está a la expectativa y cruzan miradas sobre los pequeños papeles que lleva en sus manos la chica de los anuncios; algunos tratan invocar algún superpoder para leer el próximo fotógrafo asignado. 

        Entre los encargados del visionado está  Paco Vielma, el más veterano de estos personajes cubiertos de un aura de alma buena, pero de esos que interrumpen el silencio con comentarios directos, certeros, que parecen tocar la fibra más oculta de un “transformer” para desencajarlo y convertirlo en un inofensivo triciclo. Paco es un hombre de una amplia cultura visual, un poco entrado en años y siempre con una sonrisa. Este hombre es un expendedor gratuito de palmadas en el hombro. dado este comportamiento  de panda con aguijón  sólo hay dos maneras de recordarlo: o con mucho cariño o con profundo odio.  Por supuesto que, dada la manera de plantear sus argumentos, ya había sido el blanco de la chispa de humor que no deja de rondar las viperinas lenguas de algunos participantes. Los fotógrafos son agudos observadores que crean apodos tan fácilmente como explotar cotufas en un caldero; de tal modo que Paco, en pocos minutos, ya tenía sobrenombre, lo habían bautizado “HCL”; pues al parecer, el encuentro con este sujeto tiene propiedades causticas.

         A estas alturas bien pudiera decir que no hay de qué preocuparse, pero… ¡No lo puedo negar!. ¡Yo los conozco bien!. Esos tipos como Paco nunca te preguntan qué cámara usas. Siempre  se hacen los ignorantes tecnológicos, pero cada pregunta que hacen parece una mordida de cascabel en el alma fotográfica del interpelado; son  expertos en sembrar dudas, magos silenciosos que intercambian el orden de las imágenes  como si jugaran a la bolita perdida bajo los tazones en una de esas ferias de pueblo. Ellos son buenos maestros del camuflaje: ahora son amigos, dos minutos después son fuertes críticos y un poco más tarde laboratoristas, impresores, docentes que mutan en profetas para culminar siendo psicólogos y consejeros que se desbordan en comentarios convirtiéndose en historiadores y cronistas.  De verdad, conozco a esos personajes que tienden a interrogar y, cuando ya el aspirante tiene preparada una respuesta, inician una nueva metamorfosis dejándolo con la palabra en la boca diciendo: ¡No me responda en este instante! Sólo piénselo y más tarde lo comentamos.  
No les miento ciertamente ¡yo los conozco!.

                                            IV    

         Marcel abre la puerta que lleva a la mesa cuatro. ¿Será la puerta equivocada? sólo está identificada con un pequeño triángulo de cartón negro en el que la blancura de las letras permite leer: Ex nihilo nihil fit. ¿Será esto una especie de santo y seña que deba conocer? Unos minutos después, ingresa con sus manos enguantadas en algodón Vielma, alias HCL; Crítico, editor y galerista quien observará, analizará y conversará en torno al portafolio de Marcel cuyas imágenes de pulcro marco de 30x40cm y llenas de color puedo ver desde mi altozano. Esta es su primera vez; Quizás por ser novicio lo han asustado con aquello del protocolo de la presentación. Lo cierto es que  su castidad pronto dejará de vivir en tiempo presente para convertirse en experiencia. 

         Vielma no es parsimonioso. Al contrario, se ve jovial. Deja salir un comentario de bienvenida para hacer más acogedor el habitáculo en el que el olor a tinta nueva y a cartulina recién cortada emana de una hermosa caja de portafolio; no de una vulgar caja de esas que vimos en el pasillo esta mañana cuyo cartón extiende su acidez con olor a vino barato. ¡No! En esta, el aroma del  lino se mezcla con la corteza de madera recién cortada de un lápiz al que Paco le remata el filo haciendo trazos cortos sobre una hoja mientras exclama: Ujum, ujum…Anja… Luego, abre la caja 

         Marcel no logra esconder un pequeñísimo temblor en las manos al ver como su hoja curricular; aquella en la que había reseñado todos sus estudios con docentes de reconocida trayectoria, es puesta a un lado sin ser leída mientras Paco dice: -El papel habla en pasado y lo hace en un lenguaje en el que la luz no habita. Mi respeto a tus maestros, pero prefiero el asombro que los conjuga en tu obra.
Demos inicio al visionado . (Qué extraña palabra esa de visionado ¿Cierto?).
-¿Cómo te llamas? -Interpela Vielma
- Marcel Torres
-¿Tiene algún título tu portafolio?
-Sí, “Los parques de Tánatos” Este es un trabajo que…
-Por favor tío no me des tu lectura. Quisiera, de entrada, disfrutar lo que expresas visualmente más que la justificación que intentas con la palabra.

                                            V

       Pude contarlas, son sólo 15 imágenes impresas con pulcras pestañas de cartulina de conservación que Paco ha pasado a una velocidad inusitada pero, a la vez, con una delicadeza que hace honor a los años de experiencia en el  tratamiento de imágenes. En esta primera pasada parece buscar una interconexión entre ellas. Luego, todo se apacigua y, en una segunda y lenta mirada, degusta las sombras, saborea las saturaciones y las texturas. Sus pulgares e índices  se mueven cerca de sus ojos como haciendo un marco que le permite seccionar las imágenes mientras disfruta la composición, la luz y el encuentro con la obra, Este hombre es un catador de vinos visuales. Sus gestos son amplios y van desde la duda marcada en el ceño hasta la satisfacción en su sonrisa pasando por ese efímero cierre de ojos mientras levanta levemente su barbilla como si existiera un determinado olor de cada luz de lo fotografiado que llegara hasta él. Luego, se regresa a esta o aquella copia y, con mucha seriedad, comenta: 

      -Este trabajo me recuerda Stephen Shore, a Lewis Baltz ¿Conoces la soledad que emana en la obra de Robert Adams? Te recomendaría en principio que revisaras los trabajos de “La nueva topografía” e investigaras un poco en torno a las derivaciones que se dieron a partir del fotolibro Uncommon Places  en el cual podemos encajar los inicios de estas miradas. ¿Has visto los paisajes industriales de Diego Peris o la decadencia industrial de Pedro San José?  En estas imágenes aun cuando están expresadas a color, encuentro la contemplación de Juan Ignacio Cañete ¿Has revisado imágenes de ciudades muertas como Prípiat? Tu trabajo parece absorber un poco el maravilloso concepto de Camilo José Vergara. 

        ¡¿Qué? ¡¿Cómo?! -Resuena internamente en la cabeza de Marcel- de pronto ha  chocado con un muro de ladrillos de historia, una especie de banco de datos ambulante que se mueve de un lado a otro de la imagen conectando con una máquina del tiempo. Apenas han trascurrido 10 de los 30 minutos de revisión y el joven  acaba de descubrir que durante meses de trabajo sólo logró reinventar la rueda y descubrir que el sol existe; descubrió  que no hay nada nuevo, nada original que celebrar.

         Afuera el reloj  tic…tic…tic… Este primer intercambio visual-oral es lo más cercano a dormir en el borde del barranco en el que la vida es sólo la mitad de un riesgo. Tic… tic  La zona de confort  ha sido invadida sin orden de allanamiento. Tic… Los suiches  comienzan a dispararse hasta que un pequeño cortocircuito nubla la mirada de Marcel quien había abordado este proyecto impulsado por visiones que vivían en su cerebro día tras día  y que le cobraban parte de su tranquilidad con horas de vigilia. Esas visiones  en su incosciente se habían acumulando en una visualidad que silenciosamente se apoderó de él. Marcel había pasado largos periodos  viendo e investigando trabajos  de otros fotógrafos para crear algo nuevo, una mirada nunca antes tratada, para mantenerse en el camino virginal de la originalidad. Una originalidad que le diera el impulso para ser alguien en este medio cuya masificacion avasallante lo convierte en un abismo dificil de sortear. Tanto encierro, tanto ocultamiento del trabajo para ser el primero en mostrar este  planteamiento y viene este Sr. a insinuar unas tales derivaciones de un movimiento tal, en un momento histórico en el que: Wah, wah, wah,…  (Algo tapona los oídos del joven). Ahora la conversación parece continuar en un extraño dialecto de las islas polinesias. El Sr. de los guantes se ha convertido de pronto en la maestra de Charlie Brown  que sólo balbucea: Wah, wah, wah wah wah wah.
                                           VI
       En la pared, ni el reloj, ni la andanada de referencias  se detienen. Han pasado casi  20 minutos de visionado. Nombres van y fechas vienen, alusiones a fotografías nunca vistas por el aspirante. Pero…, algo no concuerda en la gestualidad del Maestro: Este  sonríe y hace gestos de asombro y de placer mientras escudriña imágenes que bien pudiera atribuir a otros autores reconocidos.  Solo faltan unos pocos minutos para que suene la chicharra del viejo gralab.

          Paco felicita al aspirante por su originalidad. (¿?) Mientras este, con cara de asombro, está tan confundido que no atina a decir palabras. Dentro de sí se dice: ¡no entiendo nada de este tipo! Mis fotos; mi tema, mi técnica no tienen nada nuevo ¿y me felicita por su originalidad?

        -Sabes Marcel - expreso Paco- me ha asombrado mucho tu  trabajo. En él existen claras derivaciones de una importante escuela americana  de los años 70 que  marcó diferencias estéticas con la escuela de Dusseldorf . Tu mirada me ha hecho revivir a muchos autores que han llenado mi vida de felicidad. Así que, de entrada, he podido comprender la forma en que manejas el lenguaje visual, y por ello comprendo tu discurso. Tu silencio me permitió leer de acuerdo a mis experiencias pasadas y evocar discursos  pasados como breves e importantes citas en el tuyo. En los parques de Tanatos -continúa Paco- la evolución técnica y el tratamiento de  los soportes de impresión hacen aportes a esta escuela de la que te he hablado, pero más que eso, creo que tu experiencia es distinta; en tus fotografías Tanatos se alimenta de una ciudad que aun en la gravedad de sus circunstancias experimenta una muerte suave. En ellas siento tu presencia en el acto creativo como una sutil respuesta, hermosa, trascendente que responde  a tu momento histórico, a tu época, a tu realidad que dista medio siglo de la de muchos de los que te he nombrado. Tus obras  son originales sin serlo al mismo tiempo: El acto de crearlas fue único e irrepetible y logró transformarte en tu identidad autoral, pero al mismo tiempo es una derivación temática de muchos otros autores que, por participoar de la visualidad,  han influido, de manera consciente o no, en tu decisión de mirar.  Por otra parte, estas impresiones en papel que me has presentado en tu portafolio son una copia de la cual existen o existirán otras físicas o virtuales; ¿cuál será entonces la original? Puedo decirte que siento el toque expresivo de tu presencia; esa aura que Walter Benjamín creía perdida en la reproducción. El corpus que me muestras, me permite conocer tus estados de ánimo a partir de las imágenes a diferencias de otros portafolios enmarcados en esta línea en los que sólo veo lugares fotografiados. Eso te acerca a la identidad de autor que tanto buscamos en estos visionados. Amigo Torres, bienvenido al grupo de seleccionados. Me gustaría proponerte ante Moriart como uno de los autores que puede tomar en cuenta para su trabajo curatorial en el XIII  Encuentro Internacional de Fotografia. ¿Sabes?– le dijo acercándose a su oído- Creo que William Jenkins hubiese pensado en ti para una nueva edición de New Topography.

     - Como cierre del visionado Marcel, me gustaría obsequiarte un original 

De un pequeño sobre con más de 20 copias de la misma imagen, Paco le ha entregado una de ellas en la que escribió: desistir de la agotadora búsqueda de la originalidad es iniciar la danza con lo genuino “Ex nihilo nihil fit” Nada adviene de la nada  (Parménides).  

         Mientras Marcel recoge su alegría salpicada  en cada imagen; en el otro cubículo, los 8K de seguidores no han podido sustentar una genialidad sin argumentos del otrora centro del sistema solar. El trocito de pan se ha agotado en el estanque ante la pérdida de energía de los dispositivos de red y los peces van, de pasillo en pasillo, en busca de otro objeto flotante.

           Mientras salgo del recinto, miro el viejo reloj y siento que Cronos sonríe con una satisfacción infinita.
                                                                                                                               @Wilsonprada

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